Tres razones para llevar a sus hijos a la iglesia

Tres razones para llevar a sus hijos a la iglesia

iStock/aldomurillo

Aunque mis hijos ya son todos adultos, recuerdo muy bien las dificultades para tener a los cinco listos para la iglesia y luego hacerlos llegar al banco con relativa puntualidad y relativamente bien portados. No fue fácil. ¿Valió la pena? Puede estar seguro de que sí.

Jesús mandó que los niños pequeños fueran llevados a Él y que no se les impidiera (Mateo 19:14), y se indignó con los discípulos que bloqueaban el camino de aquellos que buscaban llevar a sus hijos para ser bendecidos por Él (Marcos 10:14). Los niños necesitan saber que pertenecen y que Jesús desea profundamente que vengan. Por ello, para alimentar su deseo de enfrentar este reto, ofrezco tres razones para llevar a sus hijos a la iglesia.

1. Para permitirles oír y ver el Evangelio

Si bien todas las familias cristianas deberían estar inculcando el Evangelio en sus hijos desde la infancia y todos los días en adelante, resulta vital que sus hijos escuchen el mensaje del Evangelio de labios de otras personas y lo vean obrar en sus vidas. Proclamar la salvación en Cristo debe ser la máxima prioridad de un padre, pues Jesús dijo: "¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?" (Mateo 16:26). La iglesia local presenta ese mismo mensaje del Evangelio proclamado por una amplia diversidad de mensajeros y actuando en una gran variedad de ejemplos vivos.

Con el paso del tiempo, los niños pueden comenzar a ignorar a sus padres debido a que usan las mismas palabras y los mismos argumentos día tras día. En la iglesia, Dios puede traer a un mentor, a un predicador o incluso a un compañero para comunicar la verdad de Su Palabra —verdad que conduce a la convicción indispensable de pecado y a la fe en Cristo necesarias para salvar sus almas— justo en el momento preciso. Y no existe comunicación de la Palabra de Dios equiparable a un sermón predicado con destreza por el poder del Espíritu Santo en el marco de la adoración congregacional.

¿Quién puede calcular con precisión el impacto acumulativo de 936 buenos sermones dominicales a lo largo de 18 años en el corazón de su hijo? Además, cuando ven cómo el Evangelio ha transformado a otros hombres, mujeres, niños y niñas, y experimentan el fruto que va creciendo en sus vidas, la Iglesia viva se convierte en un testimonio para sus preciosas almas con implicaciones potencialmente eternas.

2. Para darles una visión de la adoración celestial en el servicio congregacional

El Reino de Cristo es inconmensurablemente más grande que solo su propia familia. Dios ha estado obrando en incontables millones de vidas en todo el mundo y a lo largo de siglos de historia. Al final de los tiempos, habrá una multitud reunida alrededor del trono de Cristo más numerosa de lo que nadie pueda contar, de toda tribu, lengua, pueblo y nación, para darle gloria por su salvación (Apocalipsis 7:9).

Ninguno de nosotros ha visto jamás la "Iglesia universal" (esa unión espiritual de todos los creyentes del mundo entero y de todas las épocas de la historia eclesiástica) a la que apunta Apocalipsis, pero podemos vislumbrarla mejor al asistir a la adoración en una iglesia local. Allí escuchamos el canto congregacional de personas de todas las edades y diferentes orígenes, con voces unidas en una adoración apasionada. Sus hijos tendrán la oportunidad de ver con sus propios ojos y escuchar con sus propios oídos el amor que estos diversos creyentes tienen por Jesús.

Además, tendrán el privilegio de experimentar las ricas verdades espirituales en los sacramentos: la Santa Cena y el bautismo. Estas ordenanzas no se pueden realizar por cuenta propia en la sala de su casa, y ofrecen anticipos de la adoración celestial. Esta experiencia, multiplicada a lo largo de 18 años, les brindará un sentido del poderoso obrar de Dios en todo el mundo y a través de los siglos transcurridos desde que nuestro Salvador caminó sobre la tierra. Con este fundamento, podrán ubicarse dentro de esta poderosa obra del Espíritu con humildad, fe y perspectiva, aspectos que no se pueden obtener únicamente en el seno familiar, por muy devoto que este sea.

3. Para permitirles desarrollar el hábito de obediencia al mandato de Dios

Dios ha mandado a los cristianos a no dejar de congregarse, «como algunos tienen por costumbre» (Hebreos 10:25). Resulta fácil para las familias ocupadas caer en el hábito de faltar a la iglesia. Quizás un domingo se conectaron a la transmisión en vivo y luego recayeron en esa costumbre por comodidad. Dios advirtió de manera específica contra el volverse negligente en reunirse para la adoración congregacional, lo cual puede conducir con el tiempo a abandonar por completo la asistencia a la iglesia.

No podemos florecer en nuestro caminar con Cristo como creyentes solitarios.

De manera más directa para los padres, nuestros hijos nos observan constantemente para ver qué es lo que realmente creemos y valoramos. Si desobedecemos el mandato de Hebreos 10, con justa razón nuestros hijos nos verán como hipócritas, y será muy fácil para ellos decidir más adelante no hacer del cristianismo parte de sus vidas en absoluto. Sin embargo, al inculcarles el hábito de la asistencia fiel a los servicios de adoración en la iglesia, estaremos sentando un fundamento para el resto de sus vidas. Considerarán inconcebible desobedecer este claro mandamiento, y ello abrirá el camino para una obediencia integral a todo lo que Cristo les ha mandado hacer (Mateo 28:20).

Este artículo se publicó originalmente en Tabletalk, la revista de estudio bíblico de Ligonier Ministries. Obtenga más información en TabletalkMagazine.com o suscríbase hoy en GetTabletalk.com.

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