Cuatro consejos de un terapeuta para manejar el estrés de las fiestas

La “época más maravillosa del año” es, para muchos, una de las más estresantes. La gente viaja, organiza fiestas, compra y envía regalos, planifica y se comunica con personas con las que su relación puede ser o no tensa.
También puede exacerbar sentimientos preexistentes de soledad, pérdida o alienación. Puede hacer resurgir traumas, tensar las relaciones y agravar los efectos del trastorno afectivo estacional (TAE) para quienes lo padecen, normalmente en los meses de invierno.
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Pero está bien si su temporada de fiestas no es perfecta. Está bien si ni siquiera es particularmente festiva. Está bien si usted no está bien. Manejar el estrés durante la temporada navideña es una parte importante de la conexión real y la salud emocional a largo plazo.
Consejo 1: Establezca y defienda límites con amor
En primer lugar, identifique sus propios límites. Descubra, si puede, qué es lo que más le estresa o lo que desencadena una respuesta emocional fuerte o basada en un trauma. Disierna y defina lo que puede tolerar y lo que no.
Luego, comunique esos límites con claridad y caridad de antemano. Si hay algo de lo que no quiere hablar, ¡déjelo claro! Comunique que necesita marcharse a una hora determinada. Estos límites pueden ser nuevos para las personas que le rodean, por lo que avisar con antelación suele ayudarles tanto a ellos como a usted.
La preparación anticipada también le ayuda a realizar el trabajo emocional necesario para la creación y el mantenimiento de los límites. Haga lo que pueda con antelación para aceptar que las respuestas de los demás a sus límites, especialmente si son nuevos, son responsabilidad de ellos. Luego, mantenga su palabra y que “su ‘sí’ sea ‘sí’, y su ‘no’, ‘no’” (Mateo 5:37).
Consejo 2: Gestione sus expectativas
También es importante aprender a separar sus expectativas y esperanzas. A menudo ponemos cosas como la esperanza en nuestra familia y esperamos que surjan cosas durante las fiestas, como Jesús. ¡Pero eso es al revés!
Debemos poner nuestra esperanza en Cristo y tener expectativas sobre nuestra familia. También debemos esforzarnos por asegurarnos de que nuestras expectativas sean realistas.
Nuestras esperanzas se desvanecen y nuestros sentimientos resultan heridos en gran medida cuando buscamos que las relaciones y las personas nos satisfagan o consuelen de formas que no pueden. Es comprensible. Pero no es inevitable.
Lo que hay que recordar durante las fiestas es que Dios nunca decepciona. Él nunca nos abandona. Dios es la persona adecuada en quien poner nuestras esperanzas. Y Él puede consolarnos incluso cuando nuestras expectativas se ven amargamente frustradas. La esperanza puesta en Dios, y no en nuestras familias, nos da la libertad de conectar con nuestros familiares tal y como son, y no como desearíamos que fueran.
Consejo 3: Si tiene dificultades, acuda a alguien de confianza
Sufrir es duro. Sufrir en soledad puede ser atroz, y agrava nuestro trauma. Tanto si la dificultad emocional es a corto como a largo plazo, busque a alguien de confianza y confíe en esa persona.
Intente discernir si la persona en la que piensa es el confidente adecuado. ¿Tiene buena reputación? ¿Busca lo mejor para usted? ¿Tiene un historial emocional con esta persona que pueda complicar su consejo o su capacidad para confiar en ella?
Si el problema es con la familia, busque a alguien ajeno a ella. Quizá alguien de la iglesia, un viejo amigo que pueda orar con usted o un profesional licenciado. ¡Desahóguese!
Consejo 4: No tema tomarse un momento, sin importar dónde se encuentre
Los propios eventos festivos suelen ser difíciles porque entramos en dinámicas sociales y emocionales antiguas y potencialmente muy negativas; y una vez allí, a menudo tenemos poco espacio físico para distanciarnos de ellas.
Pero usted puede crear un espacio para sí mismo. Usted puede mantener el control de sus respuestas emocionales. Puede y debe hacerlo.
Así que, salga un momento. Si no puede salir al exterior, el simple hecho de entrar en el baño puede ayudar. Tómese 60 segundos y utilice el método de la “respiración cuadrada” para autorregularse. Imagine un cuadrado delante de usted. Inhale para dibujar un lado del cuadrado y exhale para el siguiente. Repita hasta que se sienta centrado y en calma.
Las herramientas de autorregulación física pueden ser especialmente importantes porque cuando nos desregulamos emocionalmente, esto se ve agravado por una respuesta física de estrés. Nuestro ritmo cardíaco aumenta. Sudamos. Nuestros niveles de cortisol se disparan.
Pero si puede regular su propio cuerpo, eso puede repercutir en su estado emocional. Puede ayudarle a estar y a sentirse en control. A nivel práctico y físico, la hidratación también ayuda a reducir el ritmo cardíaco y, por tanto, le mantiene más regulado emocionalmente.
También puede planificar de antemano antes de llegar al evento. Si lo necesita o lo desea, piense en algunos guiones sociales sencillos para excusarse o desviar la atención no deseada.
Y lo que es más importante, esta Navidad, sea amable consigo mismo. Y trate de extender esa amabilidad y sensibilidad a quienes le rodean. Cada uno de nosotros carga con algo; y muchos de nosotros cargamos con cosas que nunca debimos llevar.
No ceda a la tentación de pasar la temporada con prisas, ansioso, aislado o solo. Tómese un poco de tiempo. Hágase un poco de espacio. Mantenga sus ojos en Jesús y confíe en que Él le ayudará a superarlo. Después de todo, Él es la única razón por la que celebramos la Navidad.